Cuando escribes en un blog sobre tecnología, web 2.0, formas de vida más o menos geek y temas similares, tarde o temprano acabas escribiendo sobre temas que ya has escrito y una y otra vez vuelves a hacerte al misma pregunta: ¿El gran público conoce realmente que en Internet está habiendo importantes cambios?
En mi entorno cercano, si yo me mantengo callado, nadie sabe de qué va la historia. Ninguna de las personas con las que me relaciono sabe con certeza qué es una red social o en qué puede ayudarle en su trabajo. Mucho menos, tienen un blog en que plasman sus vivencias o experiencias. Nadie sabría sacarle partido a un wiki y ninguno sería capaz de detectar para qué puede servir Twitter aparte, según ellos, de para perder el tiempo. Al final, te planteas si el gran público tiene realmente un nivel cultural aceptable sobre Internet
Cuando mantengo relación con grupos de personas, bien sea por una charla o un curso, me gusta “interrogarles” sobre sus conocimientos de la Red y siempre me sucede lo mismo: Acabo cambiando de tema porque se me revuelven las tripas al ver el alto grado de ignorancia. Ya supongo que si un físico molecular mantiene una conversación conmigo, podría llegar a mi misma conclusión, pero hay matices que convierten en muy diferentes ambas ignorancias. De entrada yo no pretendo convertir un instrumento propio del laboratorio del físico en un electrodoméstico más de mi casa. Pero en el supuesto de que lo hiciera, no se me ocurriría tocar botones sin saber para qué sirven. Y si lo hiciera, seguiría unas pautas para ser capaz de deshacer cualquier entuerto. O dicho de otra forma. Si me meto en algo, estudio para salir airoso.
En cambio, el gran público es capaz de colocar un ordenador en el salón de su casa, “para que el niño haga los trabajos del cole”, y no se molesta en aprender, no sólo cómo funciona, sino para qué sirve. Deambulan por Internet con el culo al aire, no porque no tengan antivirus, porque ya les venía el ordenador con el Norton o el Panda, sino porque no saben diferenciar el messenger del correo electrónico y porque “hay que tener mucho cuidado con Internet, a ver si se nos mete un hacker en el ordenador y compra con la tarjeta del banco”. El niño pasa horas enviando gestos con el messenger a sus amigos (o a los que cree que son sus amigos, porque “+******++——qtf—-^^^^^” no tiene ni la más remota idea de quién es), también copia de la Wikipedia los trabajos que le mandan en el colegio. El padre descarga películas con el Ares. Ya no usa el eMule porque es muy lento, pero no tiene ni idea de por qué es más lento uno que otro y además, “el Windows hace lo que le da la gana, porque yo le doy a aceptar cuando me lo pide y el ordenador no me funciona”.
Que conste que al principio, yo, cuando veía que un conocido tenía problemas con su ordenador, procuraba echarle una mano, pero con el paso del tiempo, he aprendido a decir cosas como “¡uf!, seguro que tienes un problema con el sector flash del microprocesador. Casi mejor lleva el ordenador a la tienda donde lo compraste y que te lo miren allí” (total, como no saben de qué les hablo y creen que de esto sé algo, me hacen caso y mientras, me dejan en paz).
No sé si tu experiencia ante la incultura tecnológica de tus conocidos será tan patética como la mía, pero lo que está claro es que la “gran masa” de la población no está en condiciones de sacarle partido a Internet y, lo que es peor, no está dispuesta a enterarse de qué es Internet y que Internet es una herramienta de trabajo, una herramienta de comunicación social, una fuente de ocio o lo que cada uno quiera que sea, pero que estar en Internet implica conocer Internet y eso requiere investigación y cierto nivel de estudio.
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