Ahora es cuando todos estáis pensando que no hay nada más absurdo que montar una red wifi y que ésta no tenga conexión a internet, así que voy a demostrar lo útil que puede ser y cómo hacerlo.
Para demostrarlo, voy a poner un ejemplo real de cómo y para qué lo hago yo.
A mi me gusta hacer fotos. Muchas de ellas las hago con el móvil y otras con cámara fotográfica convencional. Una vez que tengo hechas las fotos, suelo retocarlas, bien en un portátil bien en un tablet. Y ahí es donde viene el problema: Pasar las fotos desde el móvil o la cámara hasta el portátil. Se puede hacer de múltiples formas. A través de bluetooth es una de ellas, pero si son muchas fotos el proceso es muy lento y además la cámara no tiene conectividad bluetooth. Por cable USB es otra opción y esta vez la velocidad de transferencia es buena, pero resulta que mi tablet (un Asus Transformer) no tiene puerto USB a menos que compre un adaptador especial. Podría subir los archivos a Dropbox desde el móvil para luego descargalos en el portátil o el tablet usando una conexión tethering a través del móvil, pero esto agotaría en poco tiempo la cuota de transferencia de mi tarifa de datos en el móvil. Y así podría estar un buen rato más poniendo inconvenientes a cualquier solución que se me ocurra, por lo que necesitaba agudizar mi ingenio para lograr una solución, digamos universal.
La solución vino hace unos días cuando me enteré de que había en el mercado un router miniatura de la marca TP-Link que con unas dimensiones de 5 x 5 cm y un espesor de 1,5 cm, ofrece unas prestaciones impresionantes por tan solo 20 euros. El router se alimenta a través del puerto USB, lo que significa que se puede alimentar también con pilas o, en mi caso, con un cargador solar que siempre llevo en la mochila. Ahora esta pequeña joya la configuramos como un punto de acceso inalámbrico y activamos el servicio DHCP para que entregue direcciones IP a cada equipo que se conecte a él. Con esto ya tenemos una red wifi en marcha que, si podemos conectarla a un switch, nos permitirá acceder a Internet, pero eso no nos importa ya que estamos en pleno campo y el objetivo no es navegar por Internet, sino pasar fotos del móvil o la cámara, al tablet o al portátil.
Ahora ya sólo nos queda activar un servidor ftp, que es lo que yo he hecho, o activar servicios WebDAV, SMB o cualquier otro que permita acceder al sistema de archivos del portátil desde el móvil. Yo he optado por usar servicios ftp, porque tanto en el móvil como en el tablet uso como administrador de archivos la aplicación File Expert, que entre otras cosas, permite crear un servidor ftp para tranferir archivos, de igual forma que dispone de cliente ftp para conectar a un servidor. De ahí que en el portátil también tenga montado un servidor ftp sencillo, para usar así un único servicio entre todos los dispositivos.
Otra pregunta que te estarás haciendo en este momento es qué hago para pasar las fotos de la cámara al tablet o al portátil. Esto tiene truco en mi caso y es que hace tiempo me regalaron una tarjeta Eye-Fi que dota de conectividad wifi a cualquier cámara de fotos permitiendo enviar una foto a cualquier lugar a través de una conexión inalámbrica.
Con esto el círculo se cierra y como ves, ahora ya sí que le podemos encontrar sentido a disponer de una red wifi sin que ésta tenga conexión a Internet. Pero es más. El pequeño router de TP-Pink te permitirá hacer muchas otras cosas como llegar a un hotel que no tenga wifi, pero sí conexión ethernet por cable, y extender la posibilidad de navegación por Internet al portátil, al tablet o al móvil, esta vez ya sí gracias tu wifi personal. Otra cosa que puedes hacer con este router es usarlo como un repetidor de tu propia red de casa y llegar así a lugares donde antes no llegabas. Las opciones son muchas, ya que el router es muy configurable y muy versátil, pero desde luego, lo mejor de todo es poder ir en el tren, en un autobús o en pleno campo, disfrutando de tu wifi y pasando fotos o cualquier otro tipo de documento ente tus dispositivos.
Desde hace unos meses, el hardware está de moda y en concreto, el que más destaca en el Top 10 de las conversaciones más frikis, es Raspberry Pi. Si a estas alturas no sabes de qué se trata y crees estar a la última, deberías reciclarte. Raspberry Pi es un ordenador del tamaño de una tarjeta de crédito y con un coste de 35 dólares el modelo más caro. Claro que el concepto es algo diferente al del ordenador en el que estás pensando, pero eso no lo hace menos interesante, sino todo lo contrario.
Podríamos decir que se trata de un concepto de ordenador muy novedoso. Para empezar habría que decir que se trata de una placa que contiene un procesador, una memoria una salida de audio y vídeo, unos puertos de comunicaciones USB y otro Ethernet. Eso es todo. El procesador es un ARM a 700 MHz que ofrece una capacidad equivalente a la de un Pentium III, más o menos. Sus capacidades gráficas son muy interesantes, ya que es capaz de mostrar 1 Gigapixel por segundo, lo que equivale a la calidad de imagen del BluRay a la hora de mostrar vídeo y gracias a la GPU es capaz de mostrar gráficos en 3D con una capacidad equivalente a la de una xBox.
Dado que además disponemos de un puerto USB para alimentar de corriente la placa y otro en el que podremos conectar un hub y a éste un teclado, un ratón y otros dispositivos y un conector RJ-45 que nos permite conectar el Raspberry Pi a una red Ethernet, creo que ya se van vislumbrando los derroteros de mi proyecto. Por supuesto que además, el Raspberry Pi dispone de un puerto HDMI que conectado a un televisor nos proporcionará la imagen y el sonido necesario y un lector de tarjetas SD para instalar el sistema operativo.
En mi caso he adquirido 2 placas. En realidad lo que he hecho es reservarlas, porque las 10.000 unidades de la primera remesa se agotaron en la primera media hora de estar a la venta, pero espero que algún día me lleguen.
Mi idea es dedicar una de ellas a descargas de archivos multimedia y usar la segunda como reproductor. Para ello quiero conectar un disco tipo NAS al switch junto a punto de acceso inalámbrico que será quien comunique el conjunto con el router vía wifi.
Como no podía ser de otra manera, el Raspberry Pi está controlado por un Linux en su interior. Los desarrolladores han escogido Fedora, pero en breve habrá desarrollos específicos basados en Debian o Slackware, con lo que las posibilidades de disponer de un sistema operativo al gusto de cada uno se amplían. El lenguaje de programación mejor adaptado para trabajar con Raspberry Pi es Python, nada de Java, y esto le conferirá potencia y sencillez a la hora de desarrollar aplicaciones nuevas.
Dado que estoy hablando de montar un servidor de descargas, es obvio pensar que éste deba ser gestionado desde Internet. Para ello usaré Transmission-daemon como software servidor y la gestión la haré desde un móvil con Android usando la aplicación ATG (Android Transmission Gui) que me permite controlar todo lo relativo a las descargas desde cualquier lugar. A través de una conexión ssh, podré poner en marcha cualquier servicio o, incluso, encender y apagar el servidor.
Si no cuento las horas de montaje como parte del coste, éste ascenderá a 70 dólares más gastos de envío y poder disponer de un servidor de descargas y de un reproductor multimedia por ese coste es un auténtico lujazo. En cuanto tenga en mis manos las dos placas me pondré manos a la obra y a medida que vaya avanzando ya iré contando aquí los pasos seguidos por si te pueden servir de inspiración o por si se te ocurren mejoras que quieras compartir. ¿Te animas?
Vivimos en una sociedad en la que gestionar la información que recibimos y poder acceder a ella es de vital importancia para muchos profesionales. Internet ha contribuido considerablemente a la adquisición de la información, pero ahora debemos almacenarla y, sobre todo, disponer de la posibilidad de acceder a ella en cualquier momento que podamos necesitarla. Durante años hemos podido hacerlo con ordenadores personales y desde hace tiempo podemos gestionar nuestra información usando dispositivos móviles que acceden a Internet desde cualquier lugar.
Pero el almacenamiento en la nube no siempre es posible por diversas razones. Bien sea por políticas de empresa, que impiden que la información sea almacenada fuera de sus dominios informáticos, bien por problemas reales de accesibilidad o por cualquier otra razón. La cuestión es que para estas ocasiones podemos disponer de software adecuado para gestionar nuestra información y llevarla en un pendrive para poder acceder a ella desde cualquier ordenador o dispositivo móvil. Incluso, si las condiciones lo permiten, podemos utilizar este sistema combinado con la nube y usar servicios como Dropbox para almacenar la información y hacerla accesible con mayor facilidad.
El método que quiero comentar se basa en lo denominado “Wiki on a Stick” (WoaS). En otras palabras: Usar un wiki como gestor de información portable.
Muchas personas habrán pensado en la Wikipedia al leer la palabra wiki, pero en realidad, el wiki no es más que el software que almacena y gestiona la información. Luego, que se use para crear una base de conocimiento o enciclopedia del libre conocimiento, como es la wikipedia, o para almacenar tus datos bancarios, por ejemplo, ya es indiferente. Un WoaS tiene la ventaja de estar constituido por un único archivo que contiene tanto el software como la información, a diferencia del software WikiMedia, que es sobre el que está basada la Wikipedia, que es una aplicación compleja con múltiples archivos y que necesita de un servidor con servicios web, de bases de datos, intérprete de PHP, y otros para poder funcionar. Nuestro wiki personal no necesitará más que un navegador para poder mostrar nuestra información ya que en realidad no tenemos más que un archivo HTML.
Existen varias aplicaciones que son perfectamente utilizables como WoaS. Entre otras, tenemos WikiStick y TiddlyWiki como sus mejores representantes. Personalmente prefiero TiddlyWiki y es la que uso a diario para almacenar cierta información de carácter personal que no deseo almacenar en Evernote o en Google Docs. Por otro lado, el uso de un wiki me permite una navegación no lineal y perfectamente interconectada con hipervínculos que Evernote o Google Docs no me permiten. Tengamos en cuenta, que un wiki es una web, con todas las ventajas que esto puede tener, mientras que lo almacenado en Evernote o en Google Docs son textos separados que no disponen de una interconexión desde la propia aplicación que los muestra.
Poner en marcha TidllyWiki es tan simple como descargar el archivo principal, arrastrarlo sobre la ventana del navegador o abrirlo desde el menú correspondiente y comenzar a añadir información. Un pequeño inconveniente que tiene es que es necesario conocer algo sobre la sintaxis que utiliza para crear enlaces o formatear el texto; nada complejo desde luego y perfectamente documentado en la web de TiddlyWiki, así como en las múltiples web que dedican su espacio a esta interesante aplicación. TiddlyWiki es tan potente y versátil que hay muchas web que están elaboradas a partir de su uso. No olvidemos que tenemos toda la información y el software que la gestiona en un único archivo y que, por ejemplo, podríamos tener almacenado en la carpeta pública de Dropbox y crear una redirección hacia ese archivo en cualquiera de los servicios que hay por la Red para disponer de una url más amigable. Haciendo esto sería posible tener una web sin necesidad de contratar un hosting, con un coste cero y simplemente añadiendo información en nuestro ordenador, con lo que la web se actualiza de forma automática.
Las aplicaciones de este sistema son múltiples. Yo lo uso par almacenar los nombres de usuario, las contraseñas y las url de acceso a los servicios web en los que me voy registrando. Para almacenar datos de mis clientes como datos de servidores, notas de utilización de equipamiento, etc, etc. y básicamente, como lo que se denomina manual de procedimientos, es decir: Un lugar donde apuntar todo aquello que es importante recordar a la hora de realizar ciertas tareas que se realizan cada mucho tiempo y la memoria es propensa a olvidar. Siempre puedo acceder a esta información desde mi teléfono móvil o desde cualquier ordenador y la información está segura, ya que TiddlyWiki permite una encriptación AES de la información que contiene. En esencia se trata de un método cómodo, seguro y fácil de usar y que aporta todas las ventajas de uno de los métodos de gestión de información que han revolucionado la Web 2.0: el wiki.
Una de las tareas más habituales que todo profesional debe realizar a diario es la de revisar sus fuentes de información para luego ir recopilando artículos en un medio de almacenamiento que proporcione un acceso rápido y cómodo y esté perfectamente catalogado y etiquetado. Esta tarea se puede realizar de forma offline, almacenando la información en el ordenador propio, pero tiene el inconveniente de la poca accesibilidad cada vez que necesitamos disponer de la información cuando estamos lejos de nuestro ordenador. Ahí es donde entra en juego la nube y las aplicaciones web y está claro que estoy hablando de Evernote en particular.
Sobre Evernote y su funcionamiento no voy a decir nada que no se haya dicho ya y, seguramente, mejor. Pero sí voy a exponer algunas formas de uso combinado con otros servicios web que me facilitan el trabajo.
Desde hace unos meses se ha puesto de moda un servicio que bajo el lema de “pon a trabajar la web” permite crear robots que realizan acciones concretas cuando se cumplen ciertas condiciones. Un robot muy simple que podemos crear, a modo de ejemplo, sería uno que nos envíe un correo todos los días a las 7 de la mañana con la previsión del tiempo para hoy. De esa forma, sabremos cómo vestirnos, incluso antes de subir la persiana (eso, si eres como yo, que soy de los que miran el móvil antes de salir de la cama, porque ente otras funciones de mi móvil, una es la de actuar de despertador diciéndome el tiempo que hará hoy).
El servicio del que estoy hablando se llama ifttt (if this then that) y es tan sencillo de usar, con un método completamente visual e intuitivo, que tampoco voy a entrar en detalles cobre cómo ponerlo en marcha. Sólo decir que es necesario registrarse y cuando uses desde ifttt algún otro servicio como Evernote, Twitter, Dropbox o muchos otros, deberás autorizar desde éstos a ifttt para que puedan usar tu cuenta. El proceso de autorización es completamente guiado, así que tampoco te resultará nada complicado. Veamos pues cómo sacar partido a todo esto.
Por las mañanas yo leo mis feed desde Google Reader y en muchas ocasiones me encuentro con información que es interesante para mi o para ciertas personas de mi entorno. Hasta no hace mucho, en Google Reader se disponía de un botón que al pulsarlo se compartía la noticia que estábamos leyendo en un apartado de noticias compartidas y luego desde ahí se creaba un feed que se exportaba a Twitter, a Google Buzz o se incrustaba en un blog, pero lo más interesante es que te podías suscribir a ese feed de una persona y ver sus noticias compartidas dentro del propio Google Reader. Esto ha desaparecido y ahora, Google sólo permite compartir en Google Plus, lo que pierde algo de funcionalidad. Una forma de paliar esto es usar ifttt, creando un robot para que haga precisamente eso y otras cosas más.
El procedimiento que yo uso es el siguiente:
En ifttt creo una regla que dice que cada vez que yo marco como destacado un artículo en Google Reader (asignando una estrella), publique el título del artículo en Twitter.
En ifttt creo una segunda regla que dice que cada vez que yo marco como destacado un artículo en Google Reader, envíe el artículo completo a Evernote.
En ifttt creo una tercera regla que dice que cuando reciba en GMail un correo con un archivo adjunto, envíe el archivo a Dropbox.
En ifttt creo otra regla que dice que cuando publique en Twitter un enlace, lo envíe a Delicious
Y como estas reglas, tengo muchas más que van automatizando tareas que el propio servicio de ifttt realiza por mi y que no requiere más intervención por mi parte que la de crear una vez la regla correspondiente en ifttt.
Pero el proceso de captura de información no se queda sólo aquí. Llevando mucho más allá las posibilidades de compartición de las aplicaciones para Android, por ejemplo, tanto desde el móvil como desde el tablet, cuando leo un artículo o llego a una web que quiero guardar, pulso sobre el botón de compartir del navegador y envío por correo la página a mi cuenta de Evernote. Esto es algo que es poco conocido, pero muy útil. Tanto Evernote como Google Docs, Youtube, Flickr, Picasa, Dropbox y montones de servicios web te ofrecen una dirección de correo personal que puedes encontrar en las opciones de configuración del servicio y que te permite enviar una página, una foto o un archivo para almacenarlo y gestionarlo en dicho servicio. Así, por ejemplo, si yo envío un archivo PDF a mi dirección de correo en Google Docs (ojo porque o es la misma que la de GMail) y que por descontado llevo en mi agenda del móvil, al instante podré disponer de ese texto en cualquier momento y lugar. Igual sucederá con archivos que quiera almacenar en Dropbox o una cita que desee poner en mi calendario de Google.
Muchas personas se preguntarán que por qué usar el correo para esto en vez de las aplicaciones específicas. La respuesta es muy simple. El correo es un servicio universal al que puedo acceder desde cualquier lugar. Puedo estar en un ordenador que no disponga del plugin correspondiente para Evernote, pero sí podré acceder siempre a mi cuenta de GMail.
En definitiva, lo importante es conocer la existencia de las muchas posibilidades que hay a nuestro alcance para facilitarnos el trabajo, probar cuantas más mejor, lo que nos dará soltura en el uso de herramientas nuevas y experiencia en la evaluación de recursos, para poder determinar cuál es el que se adapta mejor a nuestra forma de trabajar y poder adoptarlo como herramienta de productividad.
Aún recuerdo esos tiempos en los que te montabas en coche con un ordenador portátil al que le habías colocado una tarjeta PCMCIA wifi con una antena exterior pegada al techo del coche y el software NetStumbler corriendo para captar por las calles las redes wifi. A todo este montaje le unías un GPS eTrex de Garmin conectado al puerto serie del ordenador para localizar exactamente la ubicación de las redes. NetStumbler te decía si la red estaba abierta o si por el contrario disponía de encriptación WEP. A aquello lo llamábamos wardriving y era la base de conocimiento que nos permitía conectar a internet en casi cualquier lugar, ya que esos puntos de redes wifi abiertas, eran luego compartidos en web estratégicas a las que accedíamos para saber si en una determinada calle había algún incauto con una red wifi abierta.
Pasó el tiempo y llego AirCrack. Un software que descifraba las claves WEP de 64 y 128 bits y que fue el principio para que todo hijo de vecino pudiera, sin conocimiento alguno, acceder a cualquier wifi que se encontrara. Las empresas fabricantes de router y puntos de acceso wifi comenzaron a incluir en los modelos domésticos protocolos de protección y encriptación más sofisticados, de forma que el acceso fuera más complicado, al tiempo que los operadores de telefonía les exigieron que para los modelos que ellos distribuían, vinieran de fábrica preconfigurados con las protecciones activadas y las claves de acceso a la configuración del router ya preestablecidas.
Durante un tiempo, el acceso la wifi de vecino se complicó, salvo para aquellos, llamémosles inadaptados tecnológicos, que siguieron empecinados en dejar que su wifi siguiera abierta a cualquiera, no por convicción, sino por pura ignorancia. Pero resulta que un día, no hace mucho, un grupo de investigadores de lo ajeno descubre el algoritmo utilizado por las compañías telefónicas para establecer las claves de acceso y encriptación de los router que instalan a sus clientes. Por lo general, el identificativo de la red creada con cada router, suele ser del tipo WLANxxxx, entre otros, donde las equis están reemplazadas por un número en hexadecinal que representa el número de la red. Pues bien, las redes wifi que están identificadas de esta forma y cuyo propietario no ha cambiado la contraseña que venía de fábrica en el router, a fecha de hoy son accesibles si se utilizan los programas adecuados que nos dirán, tras un sencillo cálculo, la contraseña de acceso.
Pues bien. aquí es cuando empieza la historia del Androide que atacó a la bella Wifi y de cómo lo hizo, qué herramientas usó y qué moraleja sacamos de todo ello. Comencemos.
Erase una vez una bella Wifi de las de hasta 20 Megas, recién contratada al operador más barato del momento. Tras las espera, el propietario de la wifi recibe el router, por lo general un Comtrend preconfigurado de fábrica listo para conectar y usar. El feliz propietario de la wifi saca el router de su caja, lo enchufa, mira en la etiqueta que hay debajo de él y cuando su Windows le pide la contraseña escribe la que allí está escrita y ya está: La wifi funcionando. Qué buenos son estos con los que he contratado la wifi, que todo es enchufar y funcionar. Plug and Play, lo llaman.
El vecino del feliz propietario de la wifi recién contratada y puesta en marcha, estaba ya nervioso porque sus padres le han cortado el grifo de su ADSL después de los 8 suspensos en la primera evaluación, por lo que no puede entrar a ver qué dicen sus colegas en el Tuenti, así que en cuanto detecta que su vecino ya tiene ADSL wifi, arranca en su móvil Android la aplicación Penetrate, que no es la mejor de las que hay, pero es suficiente para que le diga cuál es la contraseña de acceso genérica a cualquier wifi del tipo WLANxxxx o similares. Tras el primer intento, el chavalillo ya está dentro de la wifi y navegando por Tuenti gracias a su incauto vecino. El chavalillo, lejos de ser tan pardillo como su vecino, se resiste a la tentación de cambiar el identificativo de la wifi o de cambiar contraseñas, porque sabe que mataría a la gallina de los huevos de oro. Si actúa con cautela y discreción, la relación entre su Androide y la bella Wifi de su vecino puede ser larga y fructífera.
El chaval podría haber utilizado su Linux para desvirgar la Wifi del vecino, pero él sabe que el tráfico de datos que se genera desde un móvil es menor que el que genera un navegador “de los grandes”, por eso toda su labor la realizará siempre desde su móvil Android, que al fin y al cabo, no deja de ser un Linux metido en su bolsillo.
Lo siguiente que hará tras estar conectado es lanzar Fing. Un sniffer de red que te da información sobre las máquinas conectadas a una red wifi. Esta información es tanto más útil cuantas más máquinas haya en la red, ya que a mayor número de ordenadores hay más posibilidades de que haya más incautos con carpetas compartidas en las que se almacenen archivos con información relevante. Pero ojo. Nuestro chaval sabe que eso no es legal y en cuanto comprueba que puede entrar y averigua qué hay en cada carpeta compartida usando un explorador de archivos como AndSMB, sale de allí. Usando una aplicación como nmap podría haber estado capturando todo el tráfico que genera el dueño de la wifi, contraseñas de correo incluidas ya que éstas suelen viajar sin encriptar, pero eso sigue siendo ilegal y nuestro chaval no quiere problemas.
Este es el momento de analizar las costumbres de uso de la wifi por parte del vecino y de otros vecinos, porque nuestro chaval no es el único que se ha enterado de la inauguración de la nueva wifi comunitaria. De momento conoce los horarios en los que el propietario de la wifi está en su trabajo y en los que sabe que no habrá muchas posibilidades de que éste esté conectado. Pero precisamente ese es el momento de riesgo de que otros vecinos entren en la red para navegar libremente. Nuestro chaval lanzará en este momento desde su Android la aplicación WifiKill, que bien usada como casi todas las herramientas de red, sirve tanto para atacar a los propietarios de una red como para defenderse de los atacantes. Y ambas cosas es lo que nuestro chaval va a hacer en este momento, porque va a defender el fuerte atacando a los intrusos que quieran invadir la wifi que tantos beneficios le puede aportar a él. Con WifiKill lo que hará es corromper las tablas ARP de uno o más ordenadores y esto impedirá que el ordenador atacante pueda navegar por internet. Con paciencia y esmero, el atacante desistirá y se irá a chupar wifi a otro lado, con lo que nuestro chaval se convertirá en dueño y señor de la wifi que financia su vecino.
Ahora ya podemos dejar que nuestro chaval disfrute de su conexión libre durante una temporada y vamos a ver qué moralejas podemos extraer de todo esto. La primera de ellas es que los incautos, ignorantes de la realidad que les rodea, se ponen en peligro voluntariamente por pura dejadez. En este cuento, nuestro chaval es cauto a la hora de chupar de la wifi de su vecino, pero podría no haberlo sido y haber aprovechado sus conocimientos para extraer números de tarjetas de crédito, contraseñas de acceso a cuentas corrientes y otra información que le permitiría realizar compras o sacar dinero con cargo al “pringao” de su ignorante vecino.
¿Y qué puede hacer el propietario de una ADSL wifi para protegerse de forma sencilla de sus amables vecinos? Para empezar, lo que todo el mundo debiera hacer es leer algo sobre medidas de seguridad en entornos personales. Nada que sea difícil de entender y leyendo de sitios de divulgación que dejan de lado los tecnicismos y adoptan el sentido común como la base de toda estrategia. Aquí encontrará soluciones simples de configuración de su router como estas que voy a citar sin entrar en más explicaciones, para no alargarme más con el artículo, y sobre las que debería investigar cada uno por su cuenta para llevarlas a cabo. Estas medidas serían las que hay que tomar nada más poner en marcha el router por primera vez:
Cambiar el identificativo de la red inalámbrica (SSID).
Cambiar la contraseña de acceso y encriptación (WPA).
Cambiar la contraseña de acceso a la configuración del router.
Desactivar la opción “Easy paring” si es que viene activada de fábrica.
Activar el filtrado de direcciones MAC para acceder al router.
Desactivar el servicio DHCP del router y asignar direcciones IP estáticas a cada ordenador que se conecte a la wifi.
No asignar direcciones del rango 192.168.0.1 o similares, ya que son las que suelen usar por defecto todos los fabricantes de router. Es preferible usar direcciones como 172.143.86.1, mucho más complicadas de averiguar por los intrusos. Para esto es importante conocer los rangos estándares asignados a direcciones de redes privadas, de forma que no puedan crear conflictos a otras redes. En este punto es importante asignar una máscara de red que restrinja el número máximo posible de ordenadores en la red, lo que junto a las asignaciones de direcciones estáticas, hará que el tráfico de la red sea más fluido. Por contra, obligará al usuario a conocer algo sobre redes y cómo se asignan las direcciones IP, lo que no está de más, para asegurarse de que no comete errores y todo funciona.
Por último, es importante que no haya ninguna carpeta compartida en nuestro ordenador, salvo que se comparta con un usuario concreto y protegida la compartición con una contraseña segura.
Con esto no se puede garantizar que la wifi estará asegurada al 100%, pero hará que el hijo del vecino tarde más tiempo, incluso años, en entrar a nuestra red sin nuestro permiso y lo más probable es que desista, sobre todo si se tiene la precaución añadida de cambiar las contraseñas con cierta frecuencia y hacer que éstas sean lo más complejas posible (es decir, que no vale poner la fecha de nacimiento o la matrícula del coche).
Y ahora, si queremos rozar en la paranoia, lo que nunca está de más en materia de seguridad, podemos lanzar el software Snort que nos avisará cada vez que un intruso se conecte a nuestra wifi. En este instante, lo mejor es apagar el router y no entrar en guerras, porque lo que no cabe duda es que si hemos tomado todas las medidas propuestas y aún así nuestro vecino ha conseguido conectarse a nuestra wifi, es porque él sabe mucho más que nosotros y ante eso, sólo cabe el apagón inalámbrico, cablear toda nuestra casa y esperar a que nos encuentre las cosquillas por otro lado (que lo hará si se lo propone).
Si te gusta el contenido de este blog, pulsa sobre los iconos para recibirlo puntualmente en tu lector de noticias o en tu correo. También puedes recibirlo en tu móvil leyendo el código QR.