Husmeando en la trastienda de la web 2.0Publicado por Fernando Bueno el 26 marzo, 2007 |
Todos conocemos el cuento en el que el lobo se viste de cordero para atrapar a sus presas y muchos hasta reconoceríamos a ese lobo cuando nos lo encontrásemos por la calle, pero si al lobo lo disfrazamos de servicio web 2.0 ¿sabríamos reconocerlo?
Con la cantidad de servicios vestidos de web 2.0 que hay deambulando por la red, a veces se nos hace difícil discriminar entre los verdaderos servicios libres y de uso público y los captadores de información camuflados bajo supuestos servicios web 2.0. Un agradable diseño, con transparencias y reflejos en su logo y mucho Ajax en su código fuente, no convierten a una web en un servicio web 2.0. Por eso no debemos dejarnos engañar por embaucadores disfrazados y, ante todo, si queremos probar un servicio, usar siempre direcciones de correo temporales para el registro mientras probamos el servicio y cuando estemos seguros de que es lo que buscamos, entonces y sólo entonces, nos registraremos con nuestros datos reales. Soy consciente de que con esto engordaremos las bases de datos de usuarios de quienes vayan de legales pero, en este mundo de la web 2.0, lo de piensa mal y acertarás, debe ser una máxima a seguir.
Pero supongamos que ya hemos encontrado ese servicio que tanto tiempo nos va a ahorrar en nuestras tareas diarias y que ya nos hemos registrado con nuestros datos reales. De entrada, si hemos sido concienzudos en nuestra investigación de quienes ofrecen el servicio, habremos detectado una empresa importante detrás de la web. y lo primero que podríamos preguntarnos es ¿qué gana esta empresa ofreciendo un servicio gratuito? Que nadie regala nada a cambio de nada es un hecho. Entonces ¿qué beneficio obtiene una gran empresa regalando un servicio tan costoso? Esto ya nos lleva a una primera conclusión: Si lo único que obtienen de mí son unos datos personales y un montón de visitas, ya tenemos el primer objeto del deseo. Las visitas generarán interés en otras empresas por anunciarse en las páginas de quien ofrece el servicio y a más visitas, más alta será la cuota que pagará el anunciante, pero ¿y los datos personales? Vamos a dar por hecho que la empresa que ofrece el servicio, se ajusta a las normas éticas y legales de no difusión de los datos personales, pero aún así es posible obtener un beneficio del hecho de conocer unos datos nuestros. Para empezar, si el servicio está bien segmentado, ya tenemos una tipología clara de quién accede a él. Además sabemos, por su dirección IP, el país de origen e incluso en muchos casos la ciudad desde la que ha accedido al servicio. Pero es más, a poco ilustrado que esté quien ofrece el servicio (y te aseguro que lo está y mucho) también sabrá si te conectas desde un ordenador de un cibercafé o uno doméstico o de una empresa, además de conocer el sistema operativo que usas, el navegador, la resolución de tu pantalla, las horas a las que te conectas, con qué frecuencia y algunos datos más. Con todo esto se pueden elaborar unas estadísticas complejas que puestas en manos de sus anunciantes, les servirán para ofrecerte unos contenidos publicitarios perfectamente enfocados a un público objetivo. Y este es el verdadero negocio de la web 2.0, pero además fíjate en que nadie ha revelado dato personal tuyo alguno en toda esta operación económica. Ahora piensa lo que se puede ganar, si además, quien te ofrece el servicio, vende tus datos a otras empresas.
Pero no todo pasa por vender unos datos personales de acceso a una web, hay otros factores que pueden hacer de un servicio web 2.0 un interesante negocio. Uno de ellos es la fidelización del visitante, hasta el punto de que se convierta en un asiduo del servicio y entonces… el servicio pasa de ser gratuito a transformarse en uno de pago. Cunado el visitante está pillado, seguro que acabará pagando por continuar usando el servicio y, en muchos casos, recuperar su información. Pero supongamos que la empresa que ofrece el servicio no es tan drástica en sus maneras y en vez de cobrar a partir de un día, nos ofrece un servicio de clase premium, éstos ya sí de pago, pero con un incremento en las prestaciones, eliminando la publicidad y todo ello por una pequeña cantidad de dinero a cambio. Si el importe no es muy alto y el servicio nos es interesante ¿por qué no pagar por él? Bien, ahí comienza una nueva forma de obtener pingües ingresos. Lícita, eso sí, pero que juega con los estímulos que recibe el visitante del servicio en favor del beneficio económico de la empresa que está detrás del servicio.
Pero vamos a dar una vuelta más a la tuerca del negocio web 2.0 y vamos a suponer que nadie tiene un interés directo en comerciar con tus datos ni con las estadísticas que se producen con tus visitas ni con la publicidad introducida en las páginas que se generan con los servicios web 2.0. ¿Aún así puede haber alguna empresa interesada en ofrecerte un servicio gratuito? La respuesta es un rotundo sí, porque hay algo más importante que tus datos o el saber cuántas veces y desde dónde accedes a una web y es tu experiencia, sea en la materia que sea, y tu propia información. Resulta que la mayoría de los servicios funcionan de la siguiente manera: Tras tu registro, tú almacenas información en forma de marcadores (favoritos, si usamos la terminología Windows), fotografías, textos, reflexiones, coordenadas de localizaciones y los comentarios sobre estos lugares, reseñas de web, comentarios de libros, y un amplio etc. Todo este material, se han encargado de que sea público y fácilmente accesible por cualquiera y, además, te han convencido de que estará publicado bajo licencias Creative Commons, de forma que tú nunca podrás reclamar derechos de autor sobre el material que tú creas. ¿Aún no has deducido quién se beneficia de todo esto? Tú y yo, por descontado, que creemos en la socialización de la información, pero además quien está en poder de toda esa información y que lo único que sabe es que la información es poder y las empresas que están detrás de los servicios web 2.0 están en posesión de toda la información que millones de personas les regalamos.
Ahora que ya sabemos dónde está el negocio de la web 2.0, sólo nos queda esperar a que llegue la web 3.0 y ver qué inventan con la web 4.0. Miedo me da.








Lo sentimos, pero los comentarios están cerrados.