Apple, Android, Flash, HTML5 y la biblia en versoPublicado por Fernando Bueno el 6 mayo, 2010 |
Estamos viviendo momentos de locos en el mundo de la tecnología de la comunicación. Hace pocos días que apareció un producto revolucionario, no por su concepto, no por sus prestaciones, no por su precio y no por sus posibilidades de uso, sino por el mero hecho de ser de una marca concreta que agita las vísceras de sus fanáticos defensores y los fundamentalistas que los aborrecemos.
Dicha marca vende productos privativos de todo tipo de derechos de sus usuarios, pero aún así hay quienes la defienden a capa y espada sin querer ver la realidad. Sólo ven los alardes estéticos que pueden realizarse con las imágenes que generan sus productos y a eso lo llaman usabilidad. Cada cual es libre de ver las cosas como quiera y cada cual es libre de limitarse como lo desee. Hasta el punto creo que cada uno es libre, que hay quienes siguen contaminando sus pulmones con el tabaco y aún siendo conscientes del daños que se hacen, siguen ejerciendo su libertad para fumar. Pero de de ahí a que su actitud sea una elección inteligente, hay un mundo que sólo la sinrazón te puede permitir traspasar. Y en el plano tecnológico, sucede algo similar: Sólo una falta de análisis técnico te puede llevar a tomar la decisión de adquirir un producto cuyo fabricante te corta tu libertad de elección.

Y esta es la cuestión candente. El fabricante el producto de moda, decide no incorporar el reproductor de Flash en el susodicho invento y argumenta una serie de razones con las que yo estoy de acuerdo una por una. Es cierto que Flash no es seguro, que hasta hace muy poco no se llevaba bien con los buscadores, que en el desarrollo de aplicaciones de terceros por encargo te encuentras vinculado a tu suministrador y éste te sacará la sangre en cada actualización que le pidas, es cierto también que Flash consume grandes recursos de máquina entre los que se encuentra un exceso de consume de batería en dispositivos móviles y es cierto que se trata de un producto cerrado y dependiente del fabricante. Hasta aquí totalmente de acuerdo con el fabricante del juguete. ¿Pero dónde quedan los derechos del usuario a ver la web tal y como sus desarrolladores la han creado? ¿Por qué es el fabricante del producto en cuestión quien debe decidir por mi? ¿Por qué es el fabricante de mi ordenador quien debe decidir qué software debe correr en él y bajo qué criterio se coarta la libertad del usuario? Esa es la cuestión porque la que Apple está ahora en tela de juicio y por la que tanto en EEUU como en la Unión Europea se acabarán abriendo causas por violación de las leyes antimonopolio por parte de un fabricante “que pretende llevar a sus usuarios por el buen camino”.
Microsoft en su día fue obligado a permitir que sus usuarios decidieran qué navegador desean usar por defecto. Apple, debería ser obligada a permitir que sus usuarios decidan si desean utilizar el reproductor de Flash para ver toda la web que hoy en día está basada en esta tecnología, pero también deberían obligarles a dejar que en sus productos se puedan instalar las aplicaciones de terceros que cada usuario decida y allá él con las consecuencias, si es que existen.
Por contra, Google se lanza junto a Adobe a una batalla de desprestigio haciendo que salga a la luz un apoyo incondicional a Flash, anunciando su total compatibilidad con Android, cosa que tampoco creo vaya a ser la solución. En mi opinión este sería el momento de mantenerse en silencio y ganarle la partida a la sinrazón, haciendo que HTML5 se imponga en la web por méritos propios y no porque un fabricante de hardware y software privativo venga a imponernos su voluntad.










