Google Chrome para Linux

Publicado por Fernando Bueno el 9 diciembre, 2009

Mucho me he resistido a probar el navegador Google Chrome para Linux y este fin de semana, al leer la noticia que decía que ya estaba abierta la galería de extensiones para Google Chrome, no he podido resistirme más. Como no podía ser de otra forma, la instalación del software es sencilla y, si eres un usuario novel en Linux, absolutamente desatendida. En cambio, si eres un usuario ya experimentado, la instalación te será fácil, no cabe duda, pero te obligará a descargar un archivo y a instalarlo con el administrador de paquetes de tu distribución. Vamos, nada que no hagas a diario.

En este blog lo que hago es expresar mis opiniones personales, que son absolutamente subjetivas y que nunca pretendo reflejarlas como algo a tener en cuenta sí o sí, a diferencia de muchos otros dogmáticos y egocéntricos que creen que su opinión debe ser tenida en cuenta cual dogma de fe. Por eso, yo no voy a hablar de Google Chrome dando datos técnicos y objetivos, sino impresiones personales del tipo me gusta esto y tal vez preferiría lo otro.

Dicho esto, pasemos a la acción. Nada más arrancar el programa noto que éste se lanza a mayor velocidad que Firefox por lo que ya se lleva un punto a su favor. Yo no soporto los tiempos muertos de espera a que arranquen las aplicaciones y si este navegador arranca antes que Firefox ya me va gustando. La segunda impresión es que tiene un aspecto minimalista. No tiene barra de título ni barra de menús ni tiene barra de estado inferior, con lo que el área para contener la información, es decir, las páginas que yo visito, es algo mayor que en Firefox. Si los tiempos de espera me desesperan, mucho más me molesta ver un navegador en el que las barras superiores comen espacio al contenido de las páginas visitadas. Muchos usuarios, de los de “aceptar todo por defecto y sin leer lo que me preguntan”, ven impasibles cómo se les instalan barras de navegador al actualizar Java o al instalar programas descargados de Softonic o con las actualizaciones de los antivirus y si nos se preocupan en seleccionar que no se instale la barra al instalar el software que la instala, menos se van a preocupar en eliminarla una vez instalada.

Como ya he comentado, el espacio superior está ocupado por las pestañas. No eso que está sobre los párpados, no. Sino lo que me permite no tener montones de ventanas inmanejables, unas superpuestas a otras. En vez de esto, tengo una única ventana y múltiples pestañas, unas junto a otras, en las que se aloja la información a la que estoy accediendo. Justo debajo de las pestañas hay una única barra que tiene a la izquierda los iconos de navegación. Aquí echo en falta el de detener la carga de la página actual y esto sí me parece una carencia importante aunque revisando la galería de extensiones ya he visto una que realiza esta operación y añade el correspondiente icono. A la derecha de estos iconos de navegación está la barra de direcciones. Muy grande en origen y que se va reduciendo a medida que vas instalando iconos de extensiones. Y esto es todo lo que se puede decir sobe el aspecto de Google Chrome, que te puede gustar o no, pero no se puede dudar de que se ha buscado la funcionalidad por encima de todo.

En cuanto a la velocidad de carga de las páginas no dispongo de herramientas que me entreguen datos objetivos. Mi impresión es buena, pero mi ADSL también, así que si las diferencias entre la carga en Firefox y la carga en Chrome se reducen a milisegundos, mi capacidad de apreciación no es tan alta, así que a ambos los doy por buenos.

Y por último está la presentación de las web que visito. Estas se ven bien. Gran parte de mi tiempo ante el navegador lo paso ante las herramientas de Google, como GMail, Reader, documentos, Wave, mapas y alguna que otra. Todas estas aparecen perfectamente y en especial Google Wave ha dejado de darme problemas. Debido a una mala integración del reproductor de flash, había algunas ocasiones en que algún gadget de Google Wave salía desplazado y parpadeando. Ahora en Chrome, ya no me sucede esto y todo aparece bien.

Otro apartado importante son las extensiones. Como es lógico aún hay pocas, pero con las que ya hay se puede decir que Chrome es ya tan potente como Firefox aunque aún no he encontrado una que uso con cierta frecuencia que es VideoDownload Helper. Una extensión que descarga vídeos de Youtube, Vimeo, MetaCafe y sitios similares y que hace llamadas automáticas a ffmpeg para convertir automáticamente el vídeo descargado a otros formatos para ser usados en el móvil o la PSPS. Supongo que no tardará en aparecer esta u otra extensión equivalente en breve, ya que la lista de extensiones aumenta día a día.

Y ahora viene la pregunta del millón: ¿Merece la pena convertir a Google Chrome en el navegador por defecto? Pues sí, pero con reparos. Come menos recursos de máquina que Firefox. Arranca más rápido que éste, tiene un aspecto más atractivo y minimalista, las páginas se muestran correctamente y el número de extensiones ya es suficientemente elevado, pero… (pon tú los “peros” y decide por ti mismo ¿o pensabas que te iba a dar la receta mágica?).

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Y llegó el control total

Publicado por Fernando Bueno el 5 diciembre, 2009

Ayer quedó bastante claro que Google sabe de nosotros más de lo que debería ser razonable que supiera. Y No me refiero a que sepa cosas de nuestra vida privada, que por poder también puede y más si te paras a pensar cómo es posible que aparezca una publicidad tan bien relacionada con la temática de tus correos. ¿A que ya te tiemblan un poco las piernas solo de pensar las cosas que le has dicho a ciertas personas en tus correos? Pues no es que quiera meterte miedo, pero las cosas son así.

Hoy de lo que te quiero hablar es del más reciente servicio lanzado por Google: Los servidores DNS públicos y, como, gratuitos. Por si acaso no sabes qué es un servidor DNS, te lo voy a explicar de forma muy breve. Cuando tú escribes en tu navegador la url de una web, la escribes con un formato alfanumérico, por ejemplo www.fbueno.net. El navegador lo siguiente que hará en averiguar la dirección numérica, es decir la dirección IP, del servidor web donde se encuentra alojada esa página y para averiguarlo se lo preguntará a lo que se denomina servidor de nombres (DNS) que es quien entregará era url ya convertida de forma que el router pueda encaminar la petición hacia el servidor web adecuado.

Por lo general, al configurar cada ordenador le indicamos las direcciones de los servidores de nombres que nos proporciona nuestro operador de acceso a Internet, pero existen servidores libres que podemos utilizar y los más nuevos son los de Google. Según nos dicen tiene múltiples ventajas usar los servidores DNS de Google frente a los de los proveedores de acceso, y no lo dudo, pero te voy a poner en un supuesto a ver qué opinas tú.

Supongamos que eres usuario de Google, como muchos de nosotros. Para acceder a GMail introduces tu usuario y contraseña y tienen seleccionada la opción de mantenerte conectado en este equipo. Como es el ordenador de tu casa y sólo lo usas tú, no hay nada de malo o peligroso en ello. Eso significa que cuando vas a realizar una búsqueda en Google, éste sabe quién eres y puede recopilar cierta información sobre tus tendencias de búsqueda para luego ofrecerte lo que Google denomina “publicidad relevante”. Ahora vamos a suponer que configuras tu sistema operativo de forma que las direcciones de los servidores de nombres (DNS) son las de Google. Por si no las sabes y quieres usarlas, son la 8.8.8.8 y la 8.8.4.4. Ahora inicias tu navegación por la Red y cada vez que le preguntes a Google por una url, ellos guardan esta URL y la asocian a ciertos datos tuyos que bien usados pueden servir para enviarte la publicidad de sus clientes. Pero esta vez ya no es una publicidad con un cierto margen de error en cuanto a si está bien dirigida o no. Esta vez ya no hay error posible, porque Google conoce exactamente cuáles son tus intereses ya que conoce las direcciones de todas las páginas que visitas con fechas, horas y cuantos datos desee almacenar sobre ti.

¿Todavía sigues pensando que es Microsoft el malo de la película?

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Un paso más hacia el control total de la Red (o de nuestras vidas)

Publicado por Fernando Bueno el 4 diciembre, 2009

No me cansaré de decirlo: Google me da mucho más miedo en cuestión monopolios que cualquiera de sus competidores, si es que los hay. Las estrategias de Microsoft por intentar acaparar clientes me parecen minucias comparadas con las que Google desarrolla para atrapar a los clientes de Microsoft y a todos los demás.

El lobo que se vestía con piel de cordero para conseguir capturar a los corderos que se comía era un simple aprendiz ante una multinacional que caza corderos al por mayor, sentado en su puesto estratégico y esperando que éstos entren por su propio pié en su redil. Y esto es lo que hace Google. Va lanzando pequeños señuelos que los usuarios vamos comiendo sin que nos cueste nada y Google espera paciente a que caigamos en sus redes, creándonos una dependencia irreversible.

El negocio de Google no consiste en regalarnos unos servicios de calidad. No nos equivoquemos. En el mundo de los negocios, nadie regala nada y los negocios en Internet no iban a ser menos. Google vive de un negocio que consiste en vender publicidad en Internet y a cambio necesita ser capaz de ofrecer a sus clientes una clientela objetiva y muy bien segmentada. ¿Esto como se consigue? Primero es necesario conocer muy bien a los potenciales clientes de sus clientes. Recordemos en este punto, que ni tú, que buscas en Internet a través del buscador de Google o yo, que almaceno mis documentos en sus servidores o quienes hacemos búsquedas de lugares en los mapas; somos clientes de Google. Los clientes de Google son las empresas que le contratan publicidad en las páginas que muestran a sus usuarios y aquí es donde hay que introducir el matiz diferenciador entre ser usuario de los servicios de Google y ser cliente de Google.

Los clientes de Google son quienes generan los ingresos a Google y sus usuarios somos de quienes recopilan una información que procesan cuidadosamente para ofrecérsela a sus clientes. Y no es que Google venda tus datos, incluso los personales, a sus clientes. Lo que sucede es que cuando haces una búsqueda de un hotel rural, Google sabe que a ti te gusta la tranquilidad del campo, sabe en qué fechas sueles ir a estos hoteles rurales y sabe a qué zonas te gusta ir. Luego, procesa esa información y cuando hagas una búsqueda en Google te aparecerá exactamente la publicidad que ellos esperan sea más de tu agrado y que tenga más posibilidades de ser la que se adapta a tus gustos y por tanto, la que más posibilidades tiene de ser elegida por ti a la hora de adquirir unos servicios hoteleros. ¿Y con esto quien gana? Pues en realidad ganamos todos o mejor dicho, con esto quedamos todos satisfechos. Nosotros hemos encontrado lo que buscábamos: Ese hotel rural que tanto ansiábamos. El hotelero gana un cliente que le deja interesantes beneficios y Google obtiene unos pingües ingresos por la publicidad vendida al hotelero, al tiempo que nos fideliza como usuarios y además le diremos a nuestros conocidos que ese hotel rural que tanto nos gustó, lo encontramos en Google.

Ahora bien. Google no vive sólo de la publicidad en su buscador. Cada vez que hacemos una búsqueda de un lugar en sus mapas conoce qué estamos buscando, pero si activamos en algún dispositivo móvil la función de Latitude denominada “mi ubicación”, además Google sabrá dónde estamos y tarde o temprano recibiremos publicidad exacta del establecimiento más cercano a nuestra localización que se ajuste a nuestros gustos y preferencias deducidos a partir de nuestros correos, nuestras búsquedas en la web, mapas, libros, documentos, música, vídeos y un largo etc. Y cuando Google nos muestre esa publicidad, podrá garantizarle a su cliente unas altas posibilidades de negocio porque la cantidad de información que tiene de nosotros es tan grande y tan bien clasificada, que las posibilidades de error son mínimas.

Pues bien. Ahora estamos en puertas de caer en otra trampa más que Google ha tendido a sus usuarios. Hace ya tiempo que Google lanzó un sistema operativo para teléfonos móviles: Android. Con ese lanzamiento se especuló mucho sobre si sería un teléfono o sólo un sistema operativo. Googole conseguía con estas especulaciones que se generasen expectativas y al final nos lanzó un sistema operativo que funcionaría en los móviles de diferentes fabricantes. Ahora el mercado ya tiene un producto más de Google y ha creado una dependencia más a los usuarios que consiste en la facilidad de manejo de la información. Han pasado ya unos cuantos meses y ahora se vuelve a hablar de un teléfono que fabricaría la propia Google, que distribuiría la propia Google y que, por supuesto, llevará su sistema operativo. Pero resulta que a ese teléfono hay que ponerle un SIM de un operador de telefonía que dé servicio de llamadas ¿Y qué operador será? Pues Google, como no podría ser otro. Gracias al servicio Google Voice, podremos unificar todos nuestros números de teléfono en uno solo, así como todos nuestros servicios de voz, de mensajería instantánea y de correo electrónico. A cambio, podremos realizar llamadas telefónicas gratuitas, enviar SMS gratis, recibir mensajes en el buzón de voz gratis, por supuesto. ¿Pero realmente todo esto será gratis? Si por gratis entendemos que no deberemos pagar dinero, sí, será gratis. Pero gratis no significa que no tenga coste y éste no es otro que el de recibir publicidad a cambio y para mi, ese es un precio muy alto. Efectivamente no conlleva un coste económico, pero sí una pérdida de intimidad.

Y es que esto es lo que más me preocupa de Google. La cantidad de información que tiene sobre cada uno de nosotros es tal, que Google podría recomponer nuestras vidas sin esfuerzo, lo que para mi es una vulneración de mi derecho a la intimidad, porque me genera dependencia de sus servicios al tiempo que retiene mi información más valiosa. Y no quiero ni pensar lo que sucedería si algún día hubiera u apagón general en Google, ya que perdería de un plumazo, casi lo podría decir así, mi memoria.

¿No estás de acuerdo conmigo en que la telaraña de Google es el gran poder que mueve el mundo que conocemos, porque es quien maneja lo que otorga el mayor poder: La información? Y esto no hecho más que empezar.

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Juegos tecnológicos para educación secundaria

Publicado por Fernando Bueno el 30 noviembre, 2009

Para la celebración de la semana de la ciencia de hace unas semanas, un colegio me encargó que diseñara una actividad en la que tuviera cabida la tecnología como centro motor de un juego lúdico y que implicara un aprendizaje de técnicas que habitualmente no tienen cabida en la enseñanza secundaria.

Por tratarse de un juego y a su vez de una actividad en la que se use la tecnología, se me ocurrió montar un juego de geocaching, pero introduciendo ciertos elementos novedosos, aderezados por eso que tanto gusta denominar como “nuevas tecnologías” (que a estas alturas de siglo, de nuevas no tienen nada).

El juego consistía en encontrar un tesoro escondido que se sería el premio del equipo ganador. Para poder llegar al tesoro era necesario recopilar una serie de pistas en el orden adecuado, con las que se iría componiendo las coordenadas del lugar exacto donde se encuentra el tesoro. Una vez compuestas las coordenadas, es necesario introducirlas en un GPS para que éste guíe al equipo hasta el lugar donde se encuentra el tesoro.

Para ir teniendo acceso a cada una de las cifras que componen las coordenadas, hay diversos retos. Unas se encuentran detrás de un código QR al que hay que llegar tras resolver un acertijo. Otras se encuentran en una web cuya dirección está oculta en un código QR que se recibe tras pasar con éxito una prueba de habilidad. Otras pistas vendrán dadas tras resolver un puzzle cuya imagen contiene la cifra buscada. Una vez resueltas todas las pistas, el equipo obtiene unas coordenadas del lugar donde se encuentra el tesoro, aunque eso sí, las pistas deben ser obtenidas en el orden adecuado o las coordenadas no indicarán el lugar correcto.

Para dar una cierta facilidad a los alumnos, antes de introducir las coordenadas en el GPS para que les guíe  hacia el tesoro, se permitía que las introdujeran en un ordenador con Google Earth y que pudieran verificar que efectivamente habían resuelto las pistas en el orden correcto, como así sucedió en la mayoría de los casos.

Pero resulta que los alumnos ahora se encuentran con otra dificultad típica de quienes usan el GPS como dispositivo de orientación en el campo. Cuando le decimos que nos lleve a un punto concreto, el GPS pretende llevarnos en línea recta y no siempre el camino posible está en la línea recta (hay que recordar que en el campo, eso que dicen los navegadores urbanos de “a 300 metros gire a la derecha”, no sirve de nada). En este sentido, los alumnos se encontraron con vallas, zanjas, puertas cerradas y otros obstáculos que tuvieron que salvar para llegar hasta el tesoro.

Al final del día, los chavales descubrieron, en un ambiente muy distendido, que la tecnología también sirve como elemento de ocio y no sólo para escuchar música o mandar SMS. Aprendieron a leer códigos QR con sus móviles y a instalar en ellos algo más que melodías. Aprendieron a crear códigos QR desde la web y que sus móviles pueden ser un buen recurso didáctico cuando se utilizan de forma racional. Aprendieron a usar un GPS y aprendieron ciertas nociones de orientación en terrenos abiertos así como la diferencia entre un navegador y un GPS. Y sobre todo, vieron el gran potencial didáctico que tiene el uso de la tecnología cuando se usa de una forma racional, sin prohibiciones en su uso y entendiendo que la naturalidad es la mejor forma de afrontar cualquier reto.

En la próxima edición usaremos un componente nuevo: La realidad aumentada, que nos permitirá introducir un elemento informativo al juego que aportará valor didáctico añadido, junto a nuevas posibilidades de experimentación en lo que sí son realmente “nuevas tecnologías”.

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El universo de los contenidos digitales

Publicado por Fernando Bueno el 26 noviembre, 2009

Vivimos en la era digital. Estamos inmersos en un mar de contenidos generados por empresas, organizaciones con y sin ánimo de lucro, por gobiernos y hasta por particulares. Y todo esto ¿hacia dónde nos lleva? ¿Somos capaces de asimilar toda la información que se genera a nuestro alrededor y toda la que nos llega desde fuera de nuestro entorno? Evidentemente no. Tal vez haya quienes sean capaces de, no asimilar, sino ver cómo pasa por delante cierta cantidad de información, pero desde luego son pocos los que son capaces de procesarla y mucho menos de almacenarla en su interior.

En este sentido, hay ciertos servicios de la web social que vienen a ayudarnos en la tarea de catalogar la información que nos llega. Desde los lectores de feed, punto de partida de buena parte de la información y desde donde iremos lanzando las noticias hacia los catalogadores como Delicious, en el caso de los marcadores o Tumblr, un blog personal para recortes de la web. Junto a estos dos ejemplos hay múltiples servicios web que nos permiten almacenar de forma ordenada todo lo generado por nuestras fuentes de información y de hecho las redes sociales vienen a sumarse a las posibilidades de catalogación de información, en un plano personal unas y en lo profesional otras. En ambos casos dispondremos de unos mecanismos de almacenamiento y de cuanto sucede en nuestro entorno con la posibilidad de filtrar los contenidos eliminando aquellos que no sean de nuestro agrado o interés. Pero el problema con que nos encontramos habitualmente en las redes sociales es el ansia por acaparar cuantos más contactos mejor. Esto nos hace disponer en nuestras redes de una gran cantidad de desconocidos a quienes no sacamos provecho alguno ya que simplemente forman parte de un número que engorda una lista de contactos. Si en el mundo real tuviéramos que escuchar lo que simultáneamente dicen 20 personas, nos sería imposible, pero en el mundo virtual pretendemos en múltiples ocasiones atender a la conversación de más de 200 a la vez. Está claro que de tal maraña sólo puede surgir un caos conversacional que nos hará perder lo sustancial y llevarnos por el camino fácil del ja, ja, ja y la foto graciosa, eso sí, publicada por algún desconocido. ¿Es realmente eso lo que da valor a las redes sociales?

Pero por centrarnos en los contenidos propiamente dichos, ¿Tan carentes de imaginación estamos que sólo somos capaces de generar fotos, música, vídeos y poco más? Fotos hechas por otros, se entiende. Música sujeta a derechos de autor y elaborada por otros y vídeos sacados de Youtube. ¿Y es a eso a lo que llamamos producción digital propia? Si de todos los contenidos digitales que generamos y que nos llegan, sólo de nuestro entorno, quitamos todo aquello que es fruto del copypasteo ¿Qué nos queda? ¿Cuál es la esencia de los contenidos digitales que producimos? Tal vez algunas fotos con amigos y poco más en la mayoría de los casos y al final ¿merece la pena invertir tanto tiempo en las redes sociales para acabar teniendo un álbum de fotos igual que el de la abuela pero que no se puede tocar?

Mi conclusión personal es que la Red, en lo personal, está llena de contenidos insustanciales y carentes de contenido intelectual y que deberíamos ser capaces de procurar banalizar menos la generación de contenidos y ser algo más profundos en nuestra producción, a menos que sea cierto eso de que “cuando natura non da, Salamanca non presta”

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